[Versión En Español] ¿Dónde en el Mundo Está Edgardo Jiménez

¿Dónde en el Mundo Está Edgardo Jiménez?
Un sacerdote, quien fue destituido por la diócesis de Orange por alegaciones de abuso, sigue en el clero—pero no en el Condado de Orange

La edición mas reciente de la serie de guías turísticas, Lonely Planet’s Peru, no es muy cordial hacia Chimbote, una ciudad costeña de 350.000 habitantes en la cual habita la flota de pesca mas grande del país sudamericano. “Es probable que huelas la ciudad antes de verla,” rudamente comparte el escrito de la guía.

Pero hay otro olor fétido que impregna a la octava ciudad más grande de Perú, un hedor que flota desde los Andes hasta Anaheim, de Centroamérica a Europa. El Weekly ha sido informado que un sacerdote, a quien la diócesis Católica de Orange reconoció como haber enfrentado “acusaciones creíbles” de haber cometido abuso sexual, nunca tuvo su caso presentado ante un tribunal criminal o civil, y por ende, sigue en el clero.

Jimenez (middle row, far right) in Honduras during the 1980s
Jimenez (middle row, far right) in Honduras during the 1980s
The priest (second from right) with Honduran children
The priest (second from right) with Honduran children

No es cuestión del pasado la historia de cómo Edgardo Arrunátegui Jiménez evadió la ley y alcanzó una puesto cómodo en Santa María del Parque, una parroquia pintoresca en Madrid: Dos de sus cómplices continúan en posiciones influyentes en la jerarquía del Obispo Tod D. Brown.

Jiménez se ordenó como sacerdote en su Perú natal a principios de los 80’s, según el Directorio Católico Oficial edición 1988, una publicación anual que declara las asignaciones parroquiales de los sacerdotes en los Estados Unidos. Dejó su patria a mediados del los 80’s hacia San Miguel Arcángel en Marcala, Honduras para ayudar con la organización de retiros juveniles.

El sacerdote llegó a la diócesis de Orange en 1987, inicialmente en Santa Maria, en la ciudad de Fullerton, una parroquia con gran presencia latina. Los archivos de la iglesia indican que Jiménez permaneció allí hasta 1989, cuando oficiales lo transfirieron a San Antonio Claret en Anaheim. Sólo permaneció allí por un año, pero Gabriela González lo recuerda bien. “Sus misas siempre eran de las mejores asistidas,” recuerda la residente de Anaheim de 31 años de edad. “Sus sermones eran conmovedores, y aparentaba interesarse mucho en los jóvenes.” Pero González también rememora que sus amigos que sirvieron como monaguillos bajo su supervisión “aparentaban haber cambiado después de  haber ayudado al Padre Edgardo.” Cuando Jiménez se fue de San Antonio Claret, los feligreses quedaron asombrados. Los oficiales de la diócesis dijeron a la congregación que Jiménez iba a Perú para completar trabajo de misionero. Quien lo reemplazó fue Jerome Henson, penosamente conocido por haber sido descubierto en un panteón de Sacramento con las piernas de un joven de 13 años envueltas sobre la cabeza del mismo sacerdote.

Los oficiales de la diócesis de Orange nunca explicaron públicamente la destitución de Jiménez hasta el 2004, cuando la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos requirieron que todas las diócesis americanas entregaran los nombres de los sacerdotes pedófilos a los investigadores del Colegio John Jay de Justicias Criminales en Nueva York. En un comunicado a la prensa el 10 de enero del 2004, Joseph Fenton, portavoz de la diócesis, incluyó a Jiménez, junto a 15 otros sacerdotes que el Obispo Brown había reportado a los investigadores de John Jay. En términos Orwelianos, Fenton dijo que esos clérigos habían enfrentado “alegaciones creíbles.” Todos en la lista, menos Jiménez, han sido expuestos, por medio de archivos personales alguna vez confidenciales, por haber acosado sexualmente a niños y tienen casos civiles en su contra por los cuales la diócesis de Orange ha resuelto por millones de dólares.

Fenton dijó al Orange County Register que cuando se dio el comunicado a la prensa, él no tenía idea de dónde se encontraba Jiménez, explicando, “estos casos se arreglaron hace años.” Pero los tres hombres que encabezaban la diócesis de Orange en 1991—los Obispos Norman McFarland y Michael Driscoll y el entonces-canciller John Urell (quien estaba encargado de investigar alegaciones de abuso sexual; ahora es pastor en San Timoteo en Laguna Niguel)—nunca reportó a Jiménez, como lo es requerido por la ley, a los Servicios de Protección a los Niños, no entregó un reporte al Departamento de Policía de Anaheim, ni tampoco presentó una demanda al fiscal del distrito judicial.

La ley de prescripción para entablar una acción judicial ante organizaciones requeridas a reportar el abuso de niños es válida por sólo un año, según la portavoz del fiscal, Susan Kang Schroeder. Sin embargo, las víctimas de Jiménez todavía pueden presentar sus demandas criminales en su contra. “Les recomendamos que se presenten”, dice ella.  “No es tarde para recibir justicia.”

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